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How
shall I love you...
Tomás
Ruiz-Rivas
Cuando uno ve
por primera vez la obra de Miguel Ventura tiene la sensación
de que ha topado con algo inconmensurable. De que nunca va a llegar
hasta los últimos confines del universo creado por el artista.
Junto a un concepto central relativamente claro, el Nuevo Consejo
Interterritorial de Lenguas, aparecen otras líneas discursivas
que, como senderos que se entrecruzan, parafraseando a Borges, acaban
por formar una maraña densa e intrincada. El énfasis
en los elementos narrativos, en contra de las tendencias reduccionistas
herederas del minimal, y la organización del cuerpo de la
obra en relatos semi-autónomos acentúan la sensación
de enredo argumental y exigen la aplicación de metodologías
interpretativas originales. Estos senderos nos pueden conducir hacia
regiones obscuras, de donde quizás no sea fácil volver,
o nos pueden tener dando vueltas en torno a algo que no acaba de
definirse. Pero también pueden ser útiles, imprescindibles,
para alcanzar una comprensión profunda de su trabajo. El
mapa que finalmente tracemos será distinto para cada persona,
y se corresponderá con la trama de sus propios miedos y obsesiones.
NILC, el Nuevo Consejo Interterritorial de Lenguas por sus siglas
en inglés, es, en palabras de Cuauhtémoc Medina, “un
hipotético movimiento pospolítico, decididamente globalista,
posestructuralista y neoétnico, que se conduce por encima
de las anticuadas vías del control del aparato gubernamental
y administrativo, para operar como una mezcla de religión
de autoayuda, antipsiquiatría de masas, pedagogía
revolucionaria y partido neoderechista.”
NILC es una organización que pretende imponer un nuevo lenguaje
como forma definitiva de sometimiento de la humanidad. El nombre
está inspirado en el Interterritorial Lenguage Committee,
ILC, una institución británica que en la primera mitad
del siglo XX trabajó para convertir el swajili en una especie
de lengua común africana, dotándolo no sólo
de una forma escrita, sino forzándolo a adaptarse a una estructura
gramatical y semántica europea. Una institución que
consiguió, en palabras de Naief Yehya, “la virtual
violación de toda una cultura mediante la apropiación
de su lenguaje”
El origen del nuevo lenguaje está en las formas que adoptan
las trenzas de una niña aria idealizada, Heidi Schreber.
La pequeña Heidi es una mezcla del mismo Ventura y de un
personaje histórico, el juez Daniel Paul Schreber, esquizofrénico,
quien en 1903, tras 20 años de tratamiento en un hospital
psiquiátrico, redactó un libro titulado “Memorias
de un enfermo nervioso”. Este documento, que ha fascinado
a multitud de intelectuales, desde Freud a Deleuze, narra las compulsiones
y delirios del enfermo, en los que podemos percibir un intenso anhelo
de transexualidad que toma forma como un proceso milagroso de cambio
de sexo: “Los milagros que más me hacían pensar
en circunstancias acordes con el orden cósmico – relata
el juez Schreber – son aquellos que parecían tener
alguna relación con una emasculación que debía
llevarse a cabo en mi cuerpo.” Más adelante habla de
“una retracción real del miembro viril”, o de
“la eliminación milagrosa de pelos de la barba y, en
especial, del bigote ”. Miguel Ventura consuma la transformación
apropiándose de ella y convirtiéndose en Heidi.
Este momento fundacional del nuevo lenguaje se recoge en el libro
“Los cuadernos de Mademoiselle Heidi Schreber”, editado
por el artista en 1995. En él se entrecruzan, como ya habíamos
señalado, propuestas muy estructuradas teóricamente
sobre el lenguaje – no en vano Miguel Ventura estudió
literatura latinoamericana en Princeton – y obsesiones personales
sobre la identidad sexual, a las que se irán añadiendo
otras sobre la identidad racial, cultural o nacional. Pero el nuevo
lenguaje aún no aparece desarrollado. El libro nos muestra
el rostro de Schreber/Ventura en constante transformación,
y textos en inglés, árabe, alemán, chino, swajili
y español. Tendremos que esperar seis años, hasta
2001, para que los “Nuevos cuadernos de M.H.S” nos ofrezcan
la nueva lengua ya completamente formada.
Este libro está escrito en el nuevo lenguaje, es decir, con
un alfabeto compuesto por los 30 glifos que generaron las trenzas
de la pequeña Heidi. Algunos textos están traducidos
a las seis lenguas subsidiarias, que son las que hemos enumerado
antes, y otros, que incluyen fragmentos de comunicados de NILC sobre
la nueva sociedad e instrucciones sobre el uso de la nueva lengua,
están en ésta y en inglés.
La nueva lengua es sólo una lengua escrita. El lenguaje hablado
tiene lugar en las seis subsidiarias. Pero es una lengua en transformación,
en crecimiento. Ni siquiera tiene un nombre, porque está
destinada a ser “La Lengua”. En adelante el cometido
de NILC será su total desarrollo y la implantación
de sistemas pedagógicos, hasta que sea posible extinguir
todas las demás y consumar la transformación de la
sociedad. La nueva lengua será una estructura única
para todos los saberes. La forma de todo conocimiento y de todo
sentimiento.
“El cambio histórico propuesto por NILC – nos
explica Cuauhtémoc Medina – no opera (ya) en términos
de transformación de los modos productivos o la búsqueda
de una determinada hegemonía estatal, sino sugiriendo una
subversión cultural y psicológica estructural.”
Este es el núcleo argumental o conceptual de la obra de Miguel
Ventura, desde hace al menos 10 años. El tema, como material
de estudio, es inagotable. A mí me interesó especialmente
porque todo el debate político español está
organizado en torno al lenguaje. Sin necesidad de profundizar en
ello, no es el objetivo en esta conferencia, podemos hacer notar
que el conflicto político no está articulado en función
de problemas de clase, ni de la evolución del capitalismo
hacia nuevos modelos de explotación, ni de la desintegración
del estado de bienestar o de la quiebra del pacto social que da
legitimidad al sistema democrático. Se discute casi en exclusiva
sobre la imposición de hegemonías lingüísticas,
que no conllevan ningún otro tipo de transformación
política o social. En un plano más amplio, la imposición
del inglés como lengua franca es parte de las estrategias
imperiales de los Estados Unidos, y entre otras cosas, por poner
un ejemplo, desprestigia los saberes locales a favor de los emanados
de sus instituciones, y así se legitiman, junto a ese saber
superior, formas de organización social y sistemas de valores
necesarios para reforzar su hegemonía.
La obra de Miguel Ventura, a partir de este núcleo, va a
materializarse en una serie de proyectos, en los que predominan,
como ya dijimos al principio, los elementos narrativos, y en los
que se combinan técnicas variadas: fotografía de gran
formato, ediciones, música – compuesta para él
por Oscar Menzel – video, performance... Podemos citar Cantonese
Primer Baby T-Shirts (1995), Exercises or The Return of the Body
(1998), The New Fuck Me Little Daddy House (1996 – 2000),
el Proyecto Tecamachalco (2001) o la que se exhibe en el Ojo Atómico,
How Shall I Love You, My New Little One? (2002 – 2005), que
hemos traducido, de forma abrevida por ¿Cómo he de
amarte mi pequeñín? No me voy a extender sobre los
diferentes proyectos. En el libro coeditado por el artista y la
editorial Trilce hay documentación abundante sobre todos
ellos.
En la versión de How Shall I Love You, My New Little One?
que exponemos en el Ojo Atómico hay varios cambios respecto
a las anteriores presentaciones: hay una impresión nueva,
la de la entrada con el logo de NILC, y se han reeditado algunos
videos. Pero sobre todo el artista se ha preocupado de hacer un
montaje en el que el espectador se sienta completamente inmerso
en un escenario NILC, dentro de una cueva secreta, para decirlo
con sus propias palabras. Las lonas impresas, de gran tamaño,
cubren las paredes hasta una altura de tres metros, sin dejar casi
resquicios entre una y otra; el centro de la sala está ocupado
por los seis monitores, cuyos sonidos, superpuestos hasta alcanzar
una presencia invasiva, acentúan la sensación de estar
en un entorno hermético, aislado de otras realidades; y finalmente
el suelo ha sido embarrado con una pasta que se asemeja a la materia
fecal de que están hechas las galletas NILC.
El argumento cuenta la historia de un paciente, enfermo de una debilidad
indefinida, que visita a un niño psiquiatra. El paciente
quiere curarse y ser útil a la nueva sociedad. El niño
psiquiatra le someterá a un tratamiento que consiste en comer
treinta galletas, con las formas de los 30 glifos del nuevo lenguaje.
A partir de aquí podemos tomar un sendero específico,
volviendo a la metáfora que empleamos al principio de la
conferencia, para hablar de esta exposición: uno que tiene
que ver con la comida, con el alimento y su dimensión simbólica
o religiosa. Es la ingestión de las 30 galletas lo que transforma
al paciente en un nuevo hombre, en un transmisor-madre del nuevo
lenguaje. Galletas, que como ya hemos comentado, parecen estar hechas
de materia fecal. Pero este sería otro sendero, seguramente
más tortuoso.
Que lo hábitos gastronómicos de cada sociedad están
impregnados de preceptos o prejuicios religiosos, es algo sobradamente
sabido. “El principio de la alimentación – escribió
Jürgen Raap en Kunstforum dedicado a arte y comida –
se puede explicar antropológicamente a partir de la estructura
de nuestros instintos. El significado cultural de la alimentación
se deriva de una sublimación de éstos. La historia
de la civilización está acompañada, desde épocas
prehistóricas, por un constante refinamiento de las comidas
y de la forma en que se disfrutan. Pero también de una condenación
religiosa, ideológica o médico-dietética de
la suculencia y la copiosidad.” Muchos años antes de
que Raap escribiese estas líneas, Julio Camba iniciaba el
capítulo sobre la cocina española de su famoso Lúculo
diciendo que “está llena de ajo y de preocupaciones
religiosas”. Y son muchas las religiones que especifican la
moralidad o inmoralidad de posibles alimentos. Valga como ejemplo
el capítulo 11 del libro Levítico, en la Biblia, donde
Yahvé explica con infinito detalle a Moisés lo que
pueden y no pueden comer los hijos de Israel: “Todo animal
de casco partido y pezuña hendida y que rumie lo comeréis;
pero no comeréis los que sólo rumian o sólo
tienen partida la pezuña. El camello, que rumia, pero no
tiene partida la pezuña, será inmundo para vosotros;
el conejo, que rumia y no parte la pezuña, es inmundo; la
liebre, que rumia y no parte la pezuña, es inmunda, el cerdo,
que divide pezuña y no rumia, es inmundo para vosotros. No
comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres;
serán inmundos para vosotros” Las listas siguen con
los animales acuáticos, de los que se pueden comer los que
tienen aletas y escamas, pero no los que carecen de ellas, con las
aves, cuya clasificación no encierra para nosotros lógica
alguna, ya que se prohíben tanto rapaces y carroñeras
como el avestruz o el cisne, y con animales que no se han incluido
en otros grupos, como la serpiente, el topo y los insectos (menos
los saltamontes). En otros capítulos de la Biblia hay también,
como es sabido, instrucciones muy precisas sobre la manera de sacrificar
reses y manipular alimentos.
Los que hemos nacido en culturas de tradición cristiana tenemos
la suerte de poder disfrutar pública y gozosamente de los
embutidos de cerdo y del marisco. Los padres de la iglesia, que
eran romanos, comprendieron que no tendrían éxito
con la propagación de la nueva fe si intentaban poner coto
a las pasiones culinarias de aquel pueblo glotón y refinado.
Por eso centraron su atención en el capítulo 18 del
mismo libro, titulado “Uniones ilícitas y pecados contra
naturaleza”, que curiosamente es mucho más corto y
menos insistente en lo de la inmundicia. El desplazamiento semántico
fue tan grande que hoy asociamos los términos moralidad e
inmoralidad a asuntos relacionados con el sexo, no con la comida,
los negocios, la política, o simplemente con la determinación
de lo que está bien y lo que está mal.
El cristianismo cambió toda esa tipología pre-linneica
de los animales por un ritual de antropofagia simbólica:
la comunión. La ingesta de un trozo de pan y eventualmente
un sorbo de vino que han sido sometidos a un tratamiento místico,
tiene la capacidad de impregnarnos de divinidad, renovar nuestra
virtud y expulsar, o al menos espantar un rato, a los demonios.
Como esos caníbales que devoran el corazón de sus
enemigos para apropiarse de su fuerza y su valor, los cristianos
toman parte en el bien absoluto de su divinidad comiéndosela.
El protagonista de How Shall I love You, My New Little One? padece
una patología que tiene algo de neurosis y algo de complejo
de culpa. Él mismo la describe así en el primer vídeo:
Toda mi vida, desde mis primeros recuerdos, me he sentido torturado
por el miedo, la vergüenza y el odio a mí mismo. Mi
cuerpo estéril se resiste a relacionarse con alguien, hasta
conmigo mismo. Lo que tengo dentro de la cabeza es un vacío.
¿Cómo podré convertir en algo nuevo y útil
este odio que vengo cargando?
La curación, como ya sabemos, se puede conseguir comiendo
esas treinta galletas, que tienen el mismo efecto impregnador-transformador
que la comunión. La percepción del alimento como portador
o contenedor de cualidades morales, como nexo con el mundo superior
de lo divino, que podemos encontrar en todas las civilizaciones,
aparece también en la obra de Ventura. Pero su distopía
es moderna, y por lo tanto laica. ¿Qué ocurre con
la alimentación cuando una sociedad se hace laica? ¿Qué
hace occidente cuando el empuje de la modernidad entroniza a la
diosa razón y barre, aunque con poco éxito, las viejas
creencias religiosas y las supersticiones? Inventa la dieta.
Aunque existen hábitos alimentarios sanos y malsanos, las
dietas tienen una raíz moralista que intentan ocultar bajo
argumentos supuestamente científicos. Fernandez-Armesto,
en su Historia de la Comida, nos describe así la dietética
decimonónica: “Era a un tiempo una pseudociencia y
una vocación mística: pseudociencia a causa del nuevo
prestigio adquirido por la ciencia en el mundo occidental del siglo
XIX; mística porque fue desarrollada sin pruebas por visionarios
que, en muchos casos, se inspiraban en la religión: si la
comida es la clave para alcanzar la salud física, ¿por
qué no también la moral?”.
Ahora podemos presumir de que en el siglo XX la dietética
alcanzó el rango de ciencia, pero es el prestigio de la ciencia
lo que se ha ido dañando, al hacerse visible por un lado
su sesgo ideológico – no hay ni puede haber inocencia
a la hora de definir la estructura de la verdad – y por otro
porque no ha dejado de aplicarse a la vida diaria en sus formas
más degradadas, para justificar unas u otras hegemonías.
Las galletas de NILC participan de la magia dietética de
las isoflavonas, los L-casei inmunitas o del fosfato de creatina,
términos científicos carentes de sentido para casi
todos nosotros, pero que prometen algún tipo de felicidad.
De forma similar, en el primer vídeo el doctor garantiza
al paciente una curación rápida y fácil gracias
a los avances de la ciencia en la sociedad posrevolucionaria de
NILC. Nótese el abuso del adjetivo nuevo:
La manera nueva (de curarse), la desarrollada por el Nuevo Consejo
Interterritorial de Lenguas, es muy simple. Los doctores de este
nuevo régimen han desarrollado nuevos medicamentos. Estos
medicamentos son galletas de treinta hechuras distintas que corresponden
a las treinta formas de los glifos procedentes de la matriz NILC.
Las galletas-glifos son deliciosas y se dejan comer fácilmente.
La frase final, con su estilo publicitario e infantiloide, nos remite
a los medios de comunicación de masas, a la televisión
en especial, y a sus mensajes banalizadores, reductores de la complejidad
del mundo a esquemas elaborados cuidadosamente para apoyar la venta
de productos de consumo, pero sobre todo la imposición de
modelos de vida.
En el siguiente vídeo veremos cómo el niño
psiquiatra le da al paciente las galletas en un orden determinado.
Todas las escenas ocurren en espacios muy pequeños, blancos
y con una luz difusa. En el tercer vídeo el enfermo se mete
dentro de una pequeña tienda de tela blanca, donde ocurre
el cambio. Al cabo de un rato, en el que hemos visto moverse y retorcerse
la silueta del hombre, la tela se levanta y aparece un ser con la
cabeza cubierta por un amasijo de excrementos, como si una enfermedad
hubiese convertido su piel en una masa tumorosa de heces, vestido
con un blusón de cuadros y embarazado. Este ser se arrastra
y contorsiona por el suelo, en un largo plano cenital, dibujando
con su cuerpo los 30 glifos. En el cuarto, el personaje está
dentro de un cilindro de tela blanca, con la misma luz difusa, y
habla consigo mismo en una extraña mezcla de lenguas. Luego
se transforma en un monstruo rosado, de cuya cabeza salen dos trenzas
y un peculiar órgano tubular. La escena del parto es una
de las más inquietantes de todo relato: primero vemos al
monstruo-madre-generador cubierto de sacos de tela marrón.
Son las placentas-matrices donde se está formando una nueva
generación de glifos. A continuación estos órganos
se cubren con una tela/piel rosa, y llega el niño-psiquiatra
para ayudarle en el parto. El doctor extrae los glifos uno por uno
de sus placentas-matrices, y se los entrega al ser, que los recibe
con muestras de afecto. Son mucho más grandes que las galletas,
de un material suave, como fieltro, y de bonitos colores. La melodía
de la canción How shall I love you... se deja oír
por primera vez. Terminado el parto el doctor amontona los 30 glifos-hijos
sobre la madre-generador, que se queda acariciándolos y tatareando
la canción. En el quinto vídeo la madre ha perdido
las trenzas y el órgano tubular, y le han crecido 30 tetas
con las que amamantará a los glifos-hijos. Estos están
en el suelo, ordenados por colores, y les ha salido una especie
de cordón umbilical, que el niño-psiquiatra conectará
pacientemente a cada una de las 30 tetas. Una vez realizada esta
operación el doctor desaparece, y se oye claramente la canción,
que la madre amamantadora sigue con suaves movimientos de sus manos
y brazos.
El último vídeo nos muestra la secuencia de transformaciones,
con la canción ya completa:
¿Cómo he de amarte, mi nuevo pequeñín?
¿Hablando lenguajes amorosos?
¿Contemplando glifos nacer, la bienvenida regeneración?
¡Sí, pequeñín mío, mi manera de
amarte será
creando nuevos lenguajes, que tanto me gustan!
* * *
Todo lo dicho hasta aquí nos muestra un panorama tan complejo
como anunciábamos en el primer párrafo. La obra de
Miguel Ventura está llena de giros y ramificaciones inesperadas.
El rodeo que hemos dado hablando de la comida y sus implicadiones
simbólicas ha debido servir para establecer un nexo directo,
tan sabroso y fácil de asimilar como las galletas NILC, entre
la intensa parodia de las utopías torcidas del cine de ciencia
ficción en que parece inspirarse el autor y lo más
cotidiano de nuestras vidas. Mi intención ha sido mostrar
cómo pese a una aparente dificultad inicial, se trata de
un trabajo que habla de realidades cercanas para cualquiera de nosotros.
Algunas difíciles de apresar, como la naturaleza ideológica
del lenguaje, y otras quizás más fáciles de
explicar, como la de la comida.
El lenguaje es una estructura en la que vivimos inmersos, y sólo
ocasionalmente nos situamos a distancia suficiente para percibir
sus trampas. El lenguaje es la forma bajo la que se produce el conocimiento,
y en sus fronteras nuestra percepción del mundo pierde sus
contornos. Aunque podríamos poner ejemplos sencillos: todos
sabemos la diferencia que hay entre un hombre público y una
mujer pública. Para nosotros la discriminación que
encierran estas expresiones puede resultar ridícula, tras
más de cien años de lucha feminista, pero para nuestros
tatarabuelos no lo era tanto, porque la esfera pública estaba
reservada para los hombres, y la vida de las mujeres transcurría
normalmente en la esfera privada. Un ejemplo más interesante
sería analizar como percibimos en España el término
“hispano”, que en nuestra tradición cultural
está cargado de dignidad, pero que ha adquirido una connotación
peyorativa por la forma en que se aplica en el cine norteamericano.
No son pocos los españoles que se preocupan por establecer
la diferencia entre el spanish de España, de Europa, que
es el de verdad y de raza blanca, y los otros spanish, que son en
realidad sudamericanos y mestizos. Nuestros abuelos también
se habrían sorpendido al oír hablar de posmodernidad.
¿Qué sociedad se sitúa a sí misma más
allá de su proyecto de futuro? Un análisis detallado
de expresiones similares nos desvelaría posiciones ideológicas
racistas, eurocentristas y por supuesto capitalistas. En estratos
más profundos encontraremos que la estructura de la lengua
es parte de una organización del mundo correspondiente a
un determinado momento histórico y a su orden social, que
normalmente consideramos natural, aunque sea tan artificial y tendenciosa
como la que se deriva del nuevo lenguaje de Miguel Ventura.
NILC opera como una metáfora multidimensional de la sociedad
occidental y sus innumerables métodos de control y sometimiento.
El paciente, tras ingerir las galletas, pierde sus rasgos individuales
y acaba convirtiéndose en una máquina reproductora
de la nueva lengua. Es el ser humano sometido a la máxima
alienación. Dicho en palabras de un conocido filósofo
“la cultura (...) no es para la inmensa mayoría de
los hombres más que el adiestramiento que los transforma
en máquinas”
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